Publicado: 31 de Octubre de 2023

Sucede con cierta frecuencia que, al revisar el botiquín, nos topamos con algo inesperado: medicamentos que han caducado. Aunque muchas personas se olvidan, los fármacos también tienen una fecha de caducidad que viene indicada en el envase. Una vez superada esta fecha, es recomendable no utilizar la medicina, ya que puede haber perdido eficacia y provocar efectos indeseados en el paciente.


Llegados a este punto, ¿qué debemos hacer con esos medicamentos caducados o que se encuentran en mal estado de conservación, sus envases y prospectos, así como con aquellos que no necesitamos tras finalizar el tratamiento? Igual que depositamos los restos de alimentos, los envases de plástico y las latas, el papel y el vidrio en sus respectivos contenedores, los medicamentos tienen su propio lugar de recogida para darles una correcta gestión medioambiental. Se trata de los Puntos SIGRE, unos contenedores blancos identificados con una flecha que conforma un círculo abierto y rodea una cruz, y que se encuentran en más de 22.100 farmacias distribuidas por toda España.


Sin embargo, hay algunos residuos sanitarios que jamás han de depositarse en ellos: agujas, termómetros, material de cura, gasas, vendas, guantes, mascarillas, tests de autodiagnóstico, productos de nutrición, sondas, radiografías, glucómetros, pilas, reactivos químicos... Ante cualquier duda, los farmacéuticos pueden asesorar e informar a los ciudadanos sobre su uso.


El compromiso del sector farmacéutico


El sistema SIGRE es un ejemplo de éxito colectivo de todo el sector farmacéutico. Este proyecto nació hace 22 años como un ejercicio de sostenibilidad y responsabilidad medioambiental de las compañías farmacéuticas, en colaboración con las farmacias y la distribución.


La actividad de SIGRE, que está alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas y se basa en los principios de la economía circular, responde a un doble objetivo: velar por el medio ambiente y por la salud pública. Gracias a la participación de los ciudadanos, que depositan los envases y restos de medicamentos en los Puntos SIGRE, se evita que estos terminen en el cubo de la basura o se arrojen por el desagüe, permitiendo un correcto tratamiento medioambiental. Y, a su vez, a través de campañas de sensibilización, se fomenta la revisión periódica de los botiquines, lo que reduce la automedicación incontrolada y redunda en el buen uso del medicamento.


El funcionamiento de SIGRE es sencillo a la par que eficaz, reuniendo todas las garantías medioambientales y sanitarias. Las empresas de distribución farmacéutica retiran los residuos que los usuarios depositan en los Puntos SIGRE. Para ello, aprovechan el mismo viaje que realizan hasta las farmacias para llevar los medicamentos nuevos. Gracias a este sistema de logística inversa se evitan 1.400 toneladas de emisiones de CO₂ anuales.


Una planta pionera


A continuación, los trasladan a sus almacenes, donde los depositan en una zona especialmente identificada y separada de los productos farmacéuticos. Allí permanecen bajo su custodia hasta que los gestores autorizados los llevan a la Planta de Clasificación de Envases y Residuos de Medicamentos, situada en Tudela de Duero (Valladolid). Esta instalación es pionera en el mundo. En ella, se clasifican y separan los envases en función de sus materiales y de los restos de medicamentos, según su tipología.


Por un lado, los elementos de los envases (cartón, vidrio, plásticos, aluminio, etc.) se someten a diferentes tratamientos antes de ser reciclados. Aquellos restos de envases que no pueden reciclarse y los restos de medicamentos se aprovechan en procesos de valorización energética, de manera que se evita el consumo de combustibles fósiles.


SIGRE contribuye, además, a que la industria farmacéutica avance hacia un packaging más respetuoso con el entorno y reduzca su huella ecológica. El sector aplica numerosas medidas de ecodiseño en los envases, y cada año pone en el mercado español cerca de 500 millones de unidades de fármacos (un tercio del total) con alguna mejora ambiental en su empaquetado. Desde el año 2000, los laboratorios han aplicado cerca de 3.200 iniciativas de ecodiseño, lo que se traduce en menos emisiones y en un menor gasto de materias primas y energía. Así, el peso medio de los recipientes ha disminuido más de un 25%. Solo el pasado año, se aplicaron 165 medidas de ecodiseño a casi 100 millones de envases, lo que permitió un ahorro de hasta 1.700 toneladas de materiales a las más de 300 compañías farmacéuticas que participan en el proyecto.


El sistema SIGRE ha calado en la sociedad. Hoy en día, el hábito de reciclar los envases y restos de medicamentos es algo muy común en la mayoría de hogares españoles. Lo corroboran las cifras. En 2022, se incrementó un 5% la recogida de estos residuos a través de los Puntos SIGRE, respecto al año anterior. Por último, el 98% de los ciudadanos admiten ser conscientes de que el cuidado del medio ambiente redunda en una mejor salud, tal y como se desprende del último sondeo a ciudadanos realizado por la entidad. Eso es, precisamente, lo que demuestra la iniciativa SIGRE.


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